01 diciembre, 2008

Cuentos Rusos Clasicos

¡QUE LO AHORQUEN!

Un cuento de IVAN SERGEEVICH TURGENEV( 1818-1883). Es uno de los grandres dramaturgos y novelistas rusos. Sus obras fueron las primeras sin sàtira, con diàlogo sencillo donde se creaban "INDIVIDUOS", NO "TIPOS".


---Esto ocurriò en el año 1803---empezò diciendo mi antiguo conocido---poco antes de la ballata de Austerlitz. El regimiento en que yo servìa de oficial se encontraba de guarniciòn en Moravia.Nos estaba terminantemente prohibido molestar y coaccionar a la gente; ya sin eso nos miraban con malos ojos, a pesar de que nos consideràbamos us saliados. Tenìa un ordenanza, llamado Igor, que habìa sido siervo de mi madre. Era un hombre honrado y pacìfico; lo conocìa desde la infancia y me portaba con èl como un amigo. He aquì que una vez, en la casa donde vivìamos, se oyeron gritos escandalosos, alaridos; a mi patrona le habìan robado dos gallinas, y acusaba al ordenanza de haber cometido el robo. Este se disculpaba y me llamò de testigo.---Digale pusted si es capaz de robar Igor Antonovich. Insistì sobre la honradez de Igor, pero la patrona no querìa oir nada. De pronto, a lo lejos en la calle se dejò oir el agradable ruido de los cascos de la caballeria. El comandante general pasaba con su estado mayor. Marchaba al paso; gordo, flojo, con la cabeza inclinada y la chatarra pendiente del pecho. Al verlo la patrona, se lanzò a cortar el paso del caballo cayendo de rodillas, y toda descompuesta, sin nada en la cabeza, comenzò a quejarse en voz alta de mi ordenanza, señalàndolo con la mano: ---¡Señor General! ---gritaba--, ¡Excelencia! ¡Juzgad! ¡Ayùdadme! ¡Salvademe! Este soldado me ha robado. Igor permanecìa en el umbral de la casa: firme, con el gorro en la mano, incluso habìa sacado el pecho y juntado los talones como un centìnela, sin pronunciar palabra. No sè si se habìa turbado de ver parados en medio de la calle a todos los superiores, o se quedò petrificado ante la desgracia que se cernìa ante èl. Mi pobre Igor està en pie y guiña los ojos, blanco como la escayola.El comandante general lanzò sobre èl su mirada sombrìa; prorrumpiò con enfado:---¿Què?

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